
El 9 de diciembre celebramos a San Juan Diego a través de quien llegamos a saber de las apariciones de la Santísima Virgen de Guadalupe. Juan Diego era portavoz y ejemplo para la iglesia de lo que es anunciar la buena nueva de Emmanuel - Cristo entre nosotros. En este tiempo de Adviento se nos presenta en las lecturas bíblicas a María encinta, que contempla esa nueva vida en su vientre. Y a la vez contemplamos con ella lo que significa para nosotros “dar a luz” a ese Cristo por medio de nuestras acciones (
“Mi Alma Glorifica al Señor” de
Adviento, de Jaime Cortez).

Para muchos en este continente, nuestra devoción a la Madre de Dios nos viene por parte de las costumbres y tradiciones que experimentamos en casa tanto como en la comunidad. Por cierto, varios pueblos celebraron el día 8 de este mes la Inmaculada Concepción como patrona, tal como aquí en EE.UU. En Nicaragua, Nuestra Señora de la Concepción del Viejo se celebra con “gritería” y “gorra”. En Panamá se venera a Nuestra Señora de la Altagracia, tanto como a Nuestra Señora de la Antigua en esta misma fecha. Y en Paraguay, Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé, la Inmaculada se celebra durante un novenario y fiesta (
“Oh María, Madre Mía” de
Cantemos al Amor de los Amores, de David Silva).

Yo, por mi parte, me preparo y anticipo la celebración de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, que desde chico no pierdo esa emoción de formar parte de algo más grande de lo que puedo contener en mi mente y corazón. Me lleno de orgullo al acompañar a mi pueblo en las mañanitas con cantos a la Virgen y convivir en el ambiente que es único en el 12 de diciembre. En estos tiempos difíciles para muchos en nuestras comunidades y a través del mundo, que nos alienten las palabras de la Morenita a Juan Diego: “¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra?” (
“Las Apariciones Guadalupanas” de
Sigan la Bandera, de Donna Peña).