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¿Cómo vivimos nuestro día a día?

Rocío Rios

Esta semana, cuando acaba de pasar la celebración del Cinco de Mayo, uno se queda con el sabor de la fiesta y también se queda pensando en lo que viene. Y cuando digo esto, me refiero al día día. Ese que vivimos sumergidos en miles de actividades y el cual, muchas veces se pasa sin que nos tomemos un momento para pensar.

Así, con la intención de pensar en el día a día, he iniciado esta semana. Y buscando temas y la forma de seguir en la vida cotidiana, siempre es importante leer y ver qué pasa en el mundo. Y por qué no decirlo, en el mundo católico.

En días pasados, todas las noticias estaban dirigidas a la visita del Papa y al balance de su paso por los Estados Unidos. Incluso en este blog, comentábamos la importancia de sus palabras en español, para dar esperanza a la comunidad hispana que enfrenta la crisis por la falta de una reforma migratoria. Y las palabras del Papa llegaron a cada uno de nosotros para darnos esa “esperanza”, que al final no se pierde.

Hoy, que estas noticias han quedado atrás, quería compartir con ustedes, la importancia de buscar las historias que nos motiven en ese día a día que vivimos.

Al ser católicos, pienso que tenemos una gran responsabilidad de vivir con base en los valores morales que nuestra religión nos da. Y esos valores, obviamente deben trascender a nuestra vida diaria. A ese día a día que vivimos. A esos momentos en que salimos de casa y nos enfrentamos a las responsabilidades diarias.

Hoy, leía una información que llegó por nuestro servicio de noticias y me llamó mucho la atención la que se refiere a Irena Sendler, conocida como el “ángel del Gueto de Varsovia” por haber salvado del holocausto a 2.500 niños judíos. Irena, falleció el pasado lunes, en Varsovia a la edad de 98 años y todos los medios de comunicación católicos hablan de ella.

Creo que es importante leer y encontrar historias de vida, como la de esta mujer, pues a través de estas podremos encontrar el sentido a nuestras vidas en el día a día.
Esta mujer, ha pasado a la historia, porque se enfrentó sola para salvar a estos niños y a pesar de haber sido puesta en la cárcel y condenada a muerte, nunca divulgó los sitios y los nombres de estos menores. Su misión, hoy después de tantos años está a la vista, en la vida de cada uno de ellos.

Esta columna quise dedicarla para hablar de esta mujer, sobre todo, porque ella dedicó su día a día, de una forma que muchos en su tiempo no habrían ni siquiera pensado.

Ojalá que nosotros, hoy, como inmigrantes, como católicos, optemos por una forma de vida que nos permita ayudar a nuestro hermano. Y si se trata de nuestro hermano inmigrante, mucho mejor, porque estaremos optando por un camino que es impensable para muchos. Un camino como el que escogió Irena en su tiempo.

Creo que es importante detenernos en nuestro diario vivir, para mirar cómo estamos dejando una huella en el mundo. Una huella que al final dirá si vivimos nuestra vida como verdaderos católicos.

Que haya paz en la tumba de Irena y que muchos vean este testimonio de vida, como un ejemplo de compromiso con el necesitado que nos encontramos en el día a día.



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